La fragmentación, la baja estandarización y la dependencia de procesos manuales perjudican al sector. Un ejemplo relevante en la región es el de Colombia, que a un año de la entrada en vigor del mandato BIM para proyectos públicos nacionales o cofinanciados, alcanzó solo un 52 % de adopción, frente al 85–100 % proyectado en su Estrategia Nacional BIM para 2025. Esta brecha refuerza la necesidad de actuar con decisión para alcanzar niveles de madurez digital adecuados en plazos ajustados.
En Argentina, donde aún no se ha definido un mandato BIM a nivel nacional, la adopción continúa siendo dispar entre provincias y organismos, y enfrenta obstáculos similares. La ausencia de guías técnicas estandarizadas, plantillas interoperables y una formación técnica especializada a lo largo de la cadena de valor limita la capacidad de los equipos para trabajar con modelos coordinados desde las primeras etapas de los proyectos.
Implementar BIM de forma efectiva podría traducirse en beneficios concretos en términos de eficiencia, costos y calidad de obra. Según datos compartidos por Graphisoft, el uso de modelos digitales integrados puede reducir hasta un 41 % los sobrecostos, generar ahorros de hasta un 20 % en la etapa de entrega, y mejorar el control operativo y la trazabilidad durante todo el ciclo de vida del proyecto.
Con varios gobiernos provinciales desarrollando planes piloto y experiencias BIM en licitaciones públicas, Argentina se encuentra en un momento clave para capitalizar las lecciones aprendidas en la región y avanzar hacia una estrategia nacional unificada. Consolidar estándares abiertos, fortalecer la capacitación técnica y fomentar la interoperabilidad entre actores serán pasos esenciales para modernizar la infraestructura pública y construir obras más sostenibles, eficientes y transparentes.