Cómo será el edificio eficiente del futuro

Especialistas del sector coinciden en que el edificio del futuro combinará domótica, climatización inteligente y sistemas integrados capaces de reducir costos y emisiones, donde la eficiencia se define desde el primer plano.
Cómo será el edificio eficiente del futuro

En Argentina, hablar de eficiencia energética en la construcción dejó de ser una discusión técnica para convertirse en una prioridad económica y ambiental. El sector edilicio explica el 37% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y cerca del 40% del consumo energético total del país, según recolecta un informe del CONICET NOA Sur. Dentro de ese universo, la climatización —tanto para calefaccionar en invierno como para refrigerar en verano— representa uno de los mayores focos de demanda.

El problema no es solo cuánto se consume, sino cómo. La mayoría de los edificios presenta deficiencias estructurales, especialmente en aislamiento térmico, lo que dispara el uso de energía. Estudios técnicos muestran que, con mejoras adecuadas, el ahorro energético puede alcanzar hasta un 75% en invierno. Sin embargo, el mercado local todavía prioriza el costo inicial por sobre el desempeño a largo plazo, una lógica que empieza a quedar obsoleta frente a tarifas crecientes y estándares internacionales cada vez más exigentes.

En ese contexto, el concepto de edificio eficiente evoluciona rápidamente: ya no se trata solo de consumir menos, sino de integrar tecnología, materiales y sistemas desde el diseño para optimizar cada recurso.

“La eficiencia ya no puede pensarse como un valor agregado, sino como una condición estructural del desarrollo urbano”, plantea Mali Vázquez, directora ejecutiva de la Cámara Empresaria de Desarrolladores Urbanos (CEDU). Su diagnóstico apunta al corazón del problema: “Cuando se proyecta un edificio eficiente, hay tres decisiones que definen su carácter desde el inicio: el diseño y la calidad de la envolvente, que determinan la demanda energética, la incorporación de sistemas y tecnología que optimicen el consumo, y la elección de materiales considerando su ciclo de vida y su impacto ambiental”.

Para Vázquez, la brecha con otros mercados sigue siendo evidente. “En la Argentina, si bien existen avances y algunos desarrollos de referencia, la eficiencia aún no se ha consolidado como estándar. Predomina una lógica donde el costo inicial sigue siendo el principal factor de decisión, en detrimento del análisis del costo total de operación”. Y advierte que para que el cambio se dé, hay que tomar medidas concretas: “Para revertir esta situación, es necesario avanzar en una agenda integral que combine incentivos fiscales, acceso a financiamiento verde y una actualización progresiva de las normativas”.

LA TECNOLOGÍA QUE YA LLEGÓ

Esa mirada estratégica encuentra eco en el sector privado, donde la innovación ya está disponible pero todavía enfrenta barreras de adopción. Desde BGH, el foco está puesto en la integración tecnológica. “El edificio eficiente del futuro es una constante evolución que estamos transitando hoy. Vamos hacia desarrollos completamente integrados, donde la eficiencia energética, el confort y la gestión inteligente conviven en una misma plataforma”, explica Martín Mendez, gerente de Negocios y Operaciones BGH Eco Smart.

La transformación es profunda: “El paso de edificios ‘consumidores’ a edificios ‘prosumidores’ (aquellos que producen y consumen su propia energía) es la tendencia”, explica. En ese esquema, la domótica, la climatización inteligente y la gestión energética en tiempo real dejan de ser soluciones aisladas para convertirse en un ecosistema. “Esto implica pasar de infraestructuras estáticas a ecosistemas inteligentes que aprenden y se adaptan”, agrega Mendez, y señala que el desafío ya no es tecnológico sino de escala: “Estamos en una etapa de aceleración donde la adopción y la escala son el principal desafío”.

La climatización, justamente uno de los mayores consumidores de energía, es también uno de los campos donde más se avanzó. Germán Krawiec, socio gerente de Dieger, lo resume en una frase: “La eficiencia ya no es una opción, es el estándar hacia el que avanza toda la industria”. En su experiencia, el salto no está en la tecnología en sí —que ya existe— sino en su implementación: “La tecnología ya está disponible. La diferencia está en cómo se aplica”.

Los números ayudan a entender el cambio de paradigma. “En 2020, una factura de 300 kWh costaba entre $800 y $1500. En 2026, esa misma factura supera los $35.000. La tarifa se multiplicó más de 30 veces en 5 años”, detalla. En ese contexto, la eficiencia deja de ser un diferencial y pasa a ser una necesidad económica. “Antes, la ineficiencia era barata. Hoy es un pasivo”, afirma Krawiec.

En términos concretos, los sistemas actuales permiten reducciones significativas: “Trabajamos con sistemas VRF de última generación que permiten ahorros de hasta un 40% frente a equipos tradicionales. A eso le sumamos automatización inteligente que optimiza el consumo en tiempo real, logrando un 25 a 30% adicional de ahorro”. Pero incluso con esos avances, insiste en un punto clave: “Los proyectos más eficientes no se corrigen, se diseñan bien desde el primer día”.

Cómo será el edificio eficiente del futuro

MATERIALES Y SISTEMAS CONSTRUCTIVOS

Esa lógica de pensar desde el origen también atraviesa a los materiales y los sistemas constructivos. Federico Azzolini, socio gerente de Grupo Azzo, pone el foco en la industrialización y la innovación en obra. “Hoy en día podemos identificar algunos ejemplos en otros lugares del mundo, donde la eficiencia es el común denominador en todos los eslabones de la cadena de valor”, explica. Y agrega que el cambio no se limita al edificio en sí: “En algunos casos hasta replanteando la urbanización. Hoy no solo está en boga los términos de ‘edificios inteligentes’ sino también de ‘ciudades inteligentes’”.

En Argentina, ese proceso recién comienza, pero con oportunidades claras. “Estamos empezando a transitar ese camino. Con la apertura al mundo, hoy tenemos acceso a materiales de innovación y equipamiento para poder fabricarlos en nuestro país”. En su caso, la apuesta está en la construcción industrializada: “Trabajamos con una nueva tecnología de steel frame panelizado en dos dimensiones que permite fabricar los edificios en una nave industrial y llevarlos a cualquier destino de nuestro país”.

La ventaja no es solo energética, sino también productiva: mayor precisión, menor desperdicio y tiempos de obra más cortos. “Esto nos permite ofrecer este tipo de soluciones de alta calidad y eficiencia como una provisión”, señala. Y hacia adelante, el mercado parece claro: “Vemos que la tendencia está orientada a las prestaciones de los productos de la construcción. Fundamentalmente orientado a lo que es eficiencia energética, con aislaciones térmicas, acústicas, y resistentes al fuego”.

Con distintas miradas, pero con un diagnóstico común, el sector coincide en que el edificio del futuro ya no es una idea lejana. Es un modelo que empieza a materializarse, impulsado por la presión de los costos, la evolución tecnológica y una agenda ambiental que gana peso. “Pensar en edificaciones más eficientes no es solo una cuestión ambiental, sino también económica y estratégica”, resume Vázquez.