Una biografía arquitectónica de la Antártida

En el marco de la Bienal de Arquitectura, “Habitar lo extremo” invita a descubrir y recorrer, por primera vez desde la arquitectura, un territorio que la historia representó como un espacio vacío y que, en realidad, alberga uno de los paisajes arquitectónicos más singulares y extremos.
Una biografía arquitectónica de la Antártida

La exposición parte de una investigación que reúne 150 obras arquitectónicas de 25 países presentes en el continente y reconstruye así un recorrido inédito, a través de fotografías, planos, videos y maquetas de arquitecturas desconocidas: prototipos experimentales, proyectos distópicos de posguerra, reinterpretaciones del Estilo Internacional, y brutalismos soviéticos.

“Habitar lo extremo” es un proyecto del colectivo 6044 SUR, el primer grupo de investigación interdisciplinar dedicado al estudio de la arquitectura y el hábitat en la Antártida en el mundo, y está conformado casi en su totalidad por investigadoras argentinas, y se encuentra radicado en la Universidad de Buenos Aires.

“La Antártida se imaginó siempre como un desierto vacío. Nosotras la investigamos durante años y encontramos algo distinto: un continente construido, habitado y disputado desde hace dos siglos. Esta exposición es, ante todo, la biografía de ese territorio que no se suele contar.” explican Violeta Nuviala Antelo & Victoria Nuviala Antelo, curadoras, quienes indican que el proyecto ya ha logrado un alcance internacional.

La exhibición revela un territorio construido durante más de dos siglos, donde conviven prototipos de habitares mínimos, relecturas extremas del Estilo Internacional, transmutaciones de brutalismos soviéticos y la materialización de algunas de las grandes utopías y distopías arquitectónicas de la posguerra. La Antártida emerge así como un laboratorio radical de experimentación técnica, política y ambiental, donde la arquitectura opera simultáneamente como refugio, infraestructura y dispositivo geopolítico.

Una biografía arquitectónica de la Antártida

Este recorrido biográfico por el paisaje arquitectónico de la Antártida busca desmontar la persistente ficción de un territorio vacío, develando a este continente de 14 millones de kilómetros cuadrados, como uno de los laboratorios arquitectónicos más radicales del planeta, donde se han ensayado algunas de las formas más extremas de habitar, construir y proyectar en condiciones límite.

CONSTRUIR LA PERMANENCIA

Entre 1940 y 1980, en un mundo en proceso de reacomodamiento tras la Segunda Guerra Mundial, diversos países vuelven nuevamente su mirada sobre el continente antártico. El paisaje arquitectónico comienza a crecer y solidificarse. Naciones como Argentina, Australia, Chile, Reino Unido, entre otras, desarrollan estrategias de exploración y permanencia en el continente, acompañadas por nuevas exploraciones arquitectónicas. Mientras algunas naciones desarrollan una serie de pequeñas bases en puntos estratégicos, otras exploran una estrategia guiada por bases que expanden su huella en el paisaje, produciendo pequeños proyectos ‘urbanos’.

Para 1957–58, se desarrolla un evento de fuerte colaboración internacional y el paisaje arquitectónico se multiplica y complejiza. Cada nación propone una impronta en sus diseños, entre arquitecturas de madera y metal, estructuras de hormigón e incluso piezas en materiales plásticos. En 1959, con la firma del Tratado Antártico, doce naciones acuerdan preservar este continente para la Paz y la Ciencia.

Una biografía arquitectónica de la Antártida
Hangar Base Marambio siendo ensamblado en El Palomar

En las décadas siguientes, el Sistema del Tratado Antártico se expande, incorporando nuevas herramientas legales para la protección del medio ambiente antártico y sumando nuevas naciones. Se consolida así un régimen de cooperación y gestión internacional, convirtiendo a la Antártida en un territorio de convivencia y colaboración entre decenas de países.

En las décadas posteriores, las naciones abren las puertas a la exploración arquitectónica. Entre brutalismos polares, estructuras mínimas desmontables, grandes dispositivos elevados, domos geodésicos y bases subterráneas, el continente antártico se convierte en un paisaje único de modernidad y posmodernidad arquitectónica.

Una biografía arquitectónica de la Antártida
Base Comandante Ferraz, Brasil 2019. Estudio 41

En la actualidad, la Argentina administra 13 bases, siete permanentes, entre ellas Marambio con pista de aterrizaje, además hay instalaciones de Chile, Japón, Estados Unidos, China, Reino Unido, Bélgica, alrededor de 58 países con bases permanentes y otras, temporarias.

UN CAMPO DE EXPERIMENTACIÓN ARQUITECTÓNICA

Hacia la década de 1990, la Antártida se vuelve un territorio protegido por el Protocolo de Protección Ambiental: un continente entero protegido de forma casi integral. Este nuevo abordaje del entorno natural es acompañado por una nueva configuración del paisaje arquitectónico. Las naciones acuerdan lentamente un proceso de modernización de sus bases e infraestructuras, en una búsqueda compleja por disminuir la huella antrópica y reducir el impacto de la actividad humana en el continente.

Los países continúan sus procesos de exploración arquitectónica, de la mano de grandes estudios arquitectónicos de todo el mundo. Los concursos arquitectónicos se multiplican, abriendo las puertas a miradas diversas sobre cómo abordar el habitar.

Las arquitecturas se vuelven dispositivos ambientales, con volúmenes elevados, de largas líneas horizontales y sofisticados sistemas energéticos. Pareciera que una gran ola de arquitecturas racionalistas llega a las costas del continente antártico, casi un siglo después de haber sido pensadas por primera vez. El paisaje arquitectónico se convierte en el sueño futurista de la modernidad. Este fenómeno trae consigo un proceso complementario: a medida que las nuevas bases se posan en el territorio antártico, las antiguas estaciones deben abandonarlo, borrando sus huellas y, lentamente, el patrimonio arquitectónico de estos dos últimos siglos. Se abre así un interrogante: ¿cómo se vería un territorio sin su patrimonio arquitectónico?

Una biografía arquitectónica de la Antártida
Base Polaca Henryk Arctowski - Kurylowicz & Associates

HABITARES NO HUMANOS

Un territorio narrado como vacío casi nunca lo es. Lejos de ser un paisaje deshabitado, la Antártida alberga más de 16.500 especies marinas y alrededor de 1.890 especies registradas en sus áreas terrestres libres de hielo. Entre estas últimas se encuentran aproximadamente 200 especies de líquenes, más de 50 briófitas, más de 700 algas y plantas vasculares. Entre sus habitantes más conocidos y entrañables, sus costas y mares albergan millones de pingüinos y cientos de miles de ballenas, entre ellas aproximadamente 500.000 ballenas minke y más de 2.000 ballenas azules antárticas.

Hablar de Antártida como un continente inhóspito, como un territorio vacío de un ‘Otro nativo, preexistente e incluso esencial, podría suponer lanzar al olvido a gran parte de la comunidad de lo viviente que habita estas tierras. En palabras de la filósofa Mónica Cragnolini, “la ‘voz’ de lo animal es la voz que el humano pareciera que no puede escuchar.”

HACIA OTRA HISTORIA DE LA ARQUITECTURA

La historia de la arquitectura es siempre una historia incompleta. Relatos, experiencias, formas de habitar y de construir quedan fuera de las narrativas oficiales. Pero ¿qué sucede cuando lo que se omite es la historia de un continente entero? Esa es la historia de la arquitectura antártica: una historia enterrada bajo las espesas capas de hielo.

La arquitectura antártica es parte de la modernidad, dialoga con los principios del Movimiento Moderno, las utopías tecnológicas de posguerra, las experimentaciones radicales de las décadas de 1960 y 1970 y de la posmodernidad, así como con los desafíos contemporáneos de construir y habitar en condiciones cada vez más críticas. En un solo gesto, la base india Bharati redibuja la Ville Savoye de Le Corbusier. Y mientras las ideas de Buckminster Fuller y sus estructuras geodésicas se corporizan en el Domo del Polo Sur, las ciudades caminantes de Archigram toman vida en la base Halley VI, del Reino Unido.

“Habitar lo extremo” busca volver sobre esos silencios, recuperar experiencias y hacer emerger otras historias posibles. la historia de la arquitectura no está completa si no está la Antártida”. resalta Violeta Nuviala, una de las curadoras.