El flipping inmobiliario, modelo que en Estados Unidos representa cerca del 7% de las operaciones del mercado y en la Argentina aún se ubica por debajo del 1%, aparece como una herramienta concreta de recuperación urbana en auge y crecimiento sostenido. Se trata de identificar propiedades obsoletas o muy deterioradas que se intervienen integralmente y reingresan al mercado en condiciones de habitabilidad inmediata.
El crecimiento de la actividad coincidió con el desarrollo de un ecosistema formativo que antes no existía: programas de capacitación, comunidades profesionales, podcasts especializados y bibliografía local. La reciente constitución de la Cámara Argentina de Flipping Inmobiliario (CAFI) es un paso natural en la maduración de la actividad, al pasar de una práctica individual a una industria con representación institucional.
LA SITUACIÓN ACTUAL
Argentina enfrenta un déficit habitacional estimado en 3,5 millones de viviendas, de las cuales aproximadamente 2 millones no requieren ser construidas desde cero sino remodeladas. La mayor parte del parque habitacional fue edificada hace más de 40 años, sin una cultura instalada de mantenimiento preventivo y sin acceso a crédito hipotecario para que las familias puedan renovar sus hogares.
El resultado es un deterioro estructural que afecta incluso a las zonas más consolidadas de las principales ciudades del país, desde el Área Metropolitana de Buenos Aires hasta capitales provinciales como Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán y Salta, e incluso ciudades significativamente más pequeñas. En definitiva, el parque habitacional envejece en todos lados y todos los días.
OBJETIVOS
El flipping propone cambio estructural, en un país que está entrando en una etapa de grandes oportunidades donde hay mucho stock deteriorado, poca oferta reciclada y demanda de viviendas listas para usar. El inversor típico es alguien que entiende el método, los plazos y que la rentabilidad surge de comprar bien, remodelar con eficiencia y vender un producto que el mercado realmente necesita.
Lo esperable es que cada operación dure unos seis meses y genere una rentabilidad del 20% sobre el capital invertido. Esa ganancia se reparte entre el inversor y el flipping manager, por lo que el inversor puede obtener cerca de un 10% en seis meses. De esa manera, el modelo alinea intereses. Además, las propiedades terminadas se venden en promedio en 30,2 días, lo que confirma una demanda activa por viviendas bien ubicadas, recicladas y listas para mudarse.
El objetivo de la CAFI es representar a un sector en plena expansión y articular un diálogo institucional con municipios, provincias y el Estado nacional para impulsar la renovación del parque habitacional argentino.
La entidad se propone trabajar en cuatro ejes iniciales. El primero es la interlocución con autoridades nacionales, provinciales y municipales de todo el país para avanzar en marcos normativos que faciliten la reconstrucción del parque habitacional. El segundo es la profesionalización del sector mediante estándares de práctica, criterios de transparencia con inversores y formación continua. El tercero es la generación de información estadística confiable sobre una actividad que hoy carece de mediciones oficiales. El cuarto es la representación gremial federal de quienes ejercen la actividad en todas las provincias argentinas.
“Los flippers cumplimos una función que las ciudades argentinas necesitan: tomamos las propiedades que el paso del tiempo dejó obsolescentes y las devolvemos al mercado renovadas. Una ciudad sana debería renovar entre el 2 y el 3 por ciento de sus viviendas cada año, algo que hoy no sucede en ningún punto del país. CAFI nace para que esa tarea se pueda hacer mejor, con reglas claras y con interlocución institucional en todas las jurisdicciones”, señaló Virgilio Raiden, principal impulsor de la conformación de la entidad gremial y elegido primer presidente, además de referente de la industria del flipping en Iberoamérica. La vicepresidencia quedó a cargo de Laura Casas, y la tesorería fue asumida por Lucas Matías Gonza, en tanto la comisión revisora de cuentas está integrada por Matías Di Meola y Matías Larrea.