Un ascensor que no funciona, una pérdida de agua que baja por tres pisos, un proveedor esperando autorización para entrar al edificio o vecinos que no saben si el pago de expensas impactó correctamente ni cuándo se va a resolver un reclamo perdido entre mensajes, llamados y cadenas eternas de chats. Durante años, gran parte de la vida cotidiana en los edificios convivió con esas fricciones como si fueran inevitables: demoras, falta de información, problemas de coordinación y respuestas que muchas veces dependían de que alguien siguiera manualmente cada tema hasta el final. Ahora, esa dinámica empieza a cambiar silenciosamente.
Detrás de cada consorcio se erige una estructura compleja: las administraciones coordinan proveedores, pagos, seguros, bancos, mantenimientos, reclamos y urgencias mientras intentan responder expectativas cada vez más altas de personas acostumbradas a resolver gran parte de su vida desde el celular y en tiempo real. Según datos relevados sobre más de 14.000 consorcios y 600.000 hogares en Argentina, gran parte de las administraciones ya utiliza algún tipo de automatización o herramienta basada en inteligencia artificial en su operación cotidiana.
“Durante años, gran parte de la administración de edificios funcionó persiguiendo información”, explica Albano Laiuppa, director de ConsorcioAbierto. “El problema era la fragmentación entre chats, mails, bancos, planillas y llamados. Cuando eso pasa, cada reclamo, cada pago y cada urgencia exige una reconstrucción manual del flujo de información que consume tiempo y retrasa respuestas.”
El impacto empieza a sentirse sobre todo en algo muy valorado por los vecinos: la capacidad de respuesta. Saber si un reclamo fue visto, si un pago ingresó correctamente o si un proveedor ya fue coordinado empieza a depender menos de llamados, comprobantes y seguimientos manuales. En edificios donde conviven decenas o cientos de unidades, esa diferencia es clave: puede cambiar la experiencia cotidiana de quienes hasta ahora muchas veces tenían que insistir para obtener información básica.
Actualmente ya existen sistemas capaces de identificar pagos de expensas sin necesidad de enviar comprobantes, cargar facturas automáticamente, realizar conciliaciones bancarias o detectar inconsistencias dentro de miles de movimientos administrativos. Parte de la información que antes quedaba repartida entre sistemas, empieza a integrarse dentro de un mismo flujo operativo.
CAPACIDAD DE ANTICIPACIÓN
El próximo paso estará vinculado a la capacidad de anticipación. Sistemas capaces de detectar desvíos de consumo, identificar patrones de reclamos, advertir problemas recurrentes o recomendar mantenimientos antes de que aparezcan urgencias empiezan a ganar espacio dentro de la administración de edificios. En vez de actuar únicamente cuando el problema ya explotó, la tecnología permite empezar a leer señales previas que muchas veces quedan escondidas entre grandes volúmenes de información.
“En los edificios, los problemas que cuestan mucho dinero resolver casi nunca aparecen de golpe. Empiezan con cosas pequeñas que nadie vio a tiempo”, afirma Laiuppa. “Una pérdida que se detecta tarde, un mantenimiento que se posterga o una inconsistencia que queda sin revisar pueden terminar impactando en todos. La inteligencia artificial ayuda a que la información llegue antes y con menos desgaste para tomar decisiones con criterio.”
EL IMPACTO EN LAS EXPENSAS
La IA también impacta en otra de las preocupaciones centrales para millones de familias: las expensas. En un contexto donde los costos de mantenimiento y servicios pesan cada vez más sobre la economía cotidiana, la velocidad con la que se detectan problemas, se ordenan pagos o se coordinan mantenimientos empieza a tener consecuencias concretas sobre el bolsillo de los vecinos. Según relevamientos del sector, la morosidad en consorcios ronda el 17%, y una pérdida detectada tarde, un pago mal imputado o un mantenimiento desorganizado pueden convertirse rápidamente en gastos adicionales para todo el edificio.
La transformación todavía convive con estructuras tradicionales que siguen funcionando de manera manual. Pero empieza a modificar una de las infraestructuras más invisibles de la vida urbana argentina: la forma en que millones de personas organizan, resuelven y viven su cotidianeidad dentro de un edificio. La inteligencia artificial no aparece como una promesa lejana, sino como una herramienta cada vez más presente en algo mucho más cercano: que un reclamo avance, que una respuesta llegue, que un gasto se ordene y que la vida común dentro del edificio tenga menos fricción.