Derribando mitos: Los jóvenes si quieren una vivienda propia

Aunque se ha instalado con fuerza la idea de que las nuevas generaciones ya no aspiran a ser propietarias de una vivienda, sin embargo, al menos en Argentina, la evidencia disponible muestra una realidad muy diferente.
Derribando mitos: Los jóvenes si quieren una vivienda propia

Se afirma que los jóvenes priorizan el uso más que la propiedad, que prefieren mantener sus recursos líquidos antes que invertir en un inmueble o que, como consecuencia de estilos de vida más flexibles y vinculados al trabajo remoto, no desean “atarse” a una ubicación fija. No obstante, los datos que surgen de la tesis doctoral en Ciencias Empresariales y Sociales de Mario Gómez -empresario, docente y autor especializado en temas inmobiliarios-, defendida exitosamente a principios de junio contradice este axioma,

LOS ARGUMENTOS

La investigación, desarrollada durante más de dos años, constituye uno de los estudios más completos realizados en el país sobre el acceso a la vivienda de las generaciones Millennials y Centennials. El trabajo combina metodologías cuantitativas y cualitativas, permitiendo analizar tanto las preferencias habitacionales como las condiciones económicas y sociales, las trayectorias de vida y la situación familiar y laboral que condicionan las decisiones de los jóvenes.

Los resultados son contundentes. Lejos de confirmar la idea de un supuesto desinterés por la propiedad, el estudio demuestra que la aspiración a ser dueño de una vivienda continúa siendo ampliamente mayoritaria. El 94% de los millennials consultados manifestó su deseo de acceder a una vivienda propia, mientras que entre los centennials esa proporción alcanza el 83%.

Estos porcentajes permiten cuestionar una narrativa que, en muchos casos, se ha instalado sin suficiente respaldo empírico. La propiedad sigue ocupando un lugar central dentro de los proyectos de vida de las nuevas generaciones, asociada no solo a la seguridad patrimonial, sino también a la estabilidad familiar, la autonomía personal y la posibilidad de construir un patrimonio a largo plazo.

No obstante, la investigación también pone en evidencia una realidad preocupante: existe una brecha cada vez más amplia entre el deseo de acceder a una vivienda propia y las posibilidades concretas de hacerlo. En este contexto, la creciente aceptación de modalidades alternativas de tenencia -especialmente el alquiler- no debería interpretarse como un cambio cultural profundo o una renuncia voluntaria al ideal de la propiedad. Más bien, parece constituir una adaptación pragmática frente a las restricciones económicas y financieras que enfrentan los jóvenes.

La dificultad para acceder a créditos hipotecarios, el aumento sostenido del valor de los inmuebles en relación con los ingresos, la precarización e inestabilidad laboral, la inflación y las dificultades para generar capacidad de ahorro son algunos de los factores que explican esta distancia entre aspiraciones y oportunidades. En otras palabras, el problema no radica en una pérdida de interés por la vivienda propia, sino en las crecientes barreras para alcanzarla.

Por ello, los hallazgos de la investigación invitan a replantear ciertos supuestos que suelen guiar el debate público y las políticas habitacionales. En lugar de asumir que las nuevas generaciones han dejado de valorar la propiedad, resulta más adecuado reconocer la existencia de una brecha estructural entre lo que desean y lo que efectivamente pueden lograr.

Esta realidad exige el diseño de estrategias complementarias. Por un lado, resulta indispensable ampliar las posibilidades reales de acceso a la vivienda mediante sistemas de crédito hipotecario sostenibles, instrumentos de ahorro adecuados, mecanismos innovadores de financiamiento y políticas que faciliten la adquisición de la primera vivienda. Por otro lado, también es necesario mejorar las condiciones de las modalidades alternativas de acceso habitacional, garantizando mayor calidad, estabilidad y seguridad jurídica para quienes, por elección o por necesidad, recurren al alquiler u otras formas de tenencia.

En definitiva, los datos permiten derribar uno de los mitos más difundidos sobre las nuevas generaciones: los jóvenes argentinos siguen queriendo ser propietarios de su vivienda. Lo que ha cambiado no son sus aspiraciones, sino las condiciones que les permiten convertirlas en realidad.

*La investigación fue evaluada por un jurado internacional integrado por la Dra. Shylei Guitério Calmon Du Pin (Brasil), el Dr. Josemaría Silvestro, doctor en Arquitectura y Urbanismo por la Universidad Politécnica de Cataluña y docente de la Universidad Nacional de Cuyo, y el Dr. Alfredo J. Erich Poenitz, doctor en Antropología Social por la UNAM. La dirección de la tesis estuvo a cargo del Dr. Gonzalo Seid, doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires.